jueves, 25 de febrero de 2010
Mantidae
La cópula despierta en mí un voraz apetito, pero quiero contener el éxtasis y el ansia hasta el final. Observo la cabeza de mi alimento. Mantengo sus brazos aferrados a mis caderas mientras cabalgo sobre él cada vez más rápido, con más fuerza. Sus jadeos aumentan y cuando cierra los ojos en una mueca de dolor me abalanzo sobre su cara al mismo tiempo que nuestros cuerpos se convulsionan abandonándose a espasmos de placer. Tras el acto de degustación me enciendo un cigarrillo sobre esta cama, su mortaja. Mi amante se arrastra decapitado y moribundo buscando una salida. ¿me llamarás mañana?, no contesto, para qué, mañana estarás muerto.
jueves, 18 de febrero de 2010
Cae la noche
Cae la noche
y cojo mi auto entre sombras
para atravesar el desierto de mi alma
veo pasar las luces como pensamientos
y agarrado a mi botella de bourbon
descuento las horas sin dormir
a lo lejos las luces de la ciudad
se van haciendo mas pequeñas e insignificantes
dejando un amargor extraño... casi demencial.
el retrovisor se nubla . la noche es fría sin ti
no dejo de golpear el volante…
jueves, 11 de febrero de 2010
Equilibristas en vías muertas
-->
Las vías muertas corrían paralelas por sobre los guijarros. Conducían al mismo descampado de siempre. Su único escondrijo era estar lejos del extrarradio. Pero nosotros habíamos construido allí una caseta sin techo con tablas y uralitas desperdigadas.
Allí pasamos las tardes de domingo. Bien vestidos como el día imponía. A la salida de misa comprábamos chucherías y las sobabamos todas. Una única chica para todos. Y ya estaba comprometida. Lo único que podíamos hacer era contemplarla a través del cristal del deseo, como las golosinas caras de las tiendas caras.
Cuando entrábamos en la cabaña y nos sentábamos en torno a una piedra todas nuestras rodillas se rozaban. En ese momento mis ojos se ocupaban en rellenar algunos de los agujeros más oscuros de los leotardos de Inés. Juan, su novio, siempre traía consigo alguna revista o periódico viejo robado a su padre con el que jugar. Construir barcos, aviones, sombreros de coronel napoleónico o algún cachivache papirofléxico era cuestión del aburrimiento que nos causaban las noticias del Régimen.
Recuerdo circularmente esos días. La rutina, los agujeros de las medias de Inés, el querer quedarme siempre a su lado como el que no quiere la cosa. Su novio fullero y bravucón. Los guijarros y piedras que nos tiramos en las batallas por las vías muertas.
Añoro la rabia que sentía al no ser valiente y confesarle a Inés que me gustaba, que yo la cuidaría mejor que ese Don Juan barriobajero, que sería el último en hacerle daño. Todavía siento el corazón revuelto al descubrir de entre el olvido del cajón esta fotografía que un día nos hizo el hermano mayor de Antonio con su cámara nueva del falso progreso de los sesenta.
Yo, que siempre te seguí a distancia, de lejos, el último de los hombres que te hubiera humillado como otros lo han hecho, el último en este instante robado al tiempo a través de la luz, yo, hoy te recuerdo, y mantengo el equilibrio por encima del pasado, soltero hoy, mañana muerto, condenado a muerte por haber asesinado a sangre fría a tu Don Juan, después que te violara en aquel desangelado descampado, escribo ésta carta con mis últimas voluntades desde la cárcel; que me incineren con esta foto entre las manos; que tengas la paciencia de esperarme allí dónde estés; y que suelten mis cenizas en mitad de esas vías muertas que dirigían al descampado.
No sé si todo será posible. Besos.
P.D; “La Venganza es una tenia irreversible”.
domingo, 31 de enero de 2010
Leo, bocadillo
jueves, 21 de enero de 2010
Pequeña suite del dolor
lascivo, mi latido
cercano al tuyo
se superpone y absorbe
toda la energía del yang
acaba por tumbarme
y taparme hasta la cara
con sus dulces sábanas de seda
pequeña ramera estúpida
llena de pensamientos,
de cicatrices del tiempo
destrozada por un chulesco guiñapo
de pantalones de cuero
la mueca de la ventana
acaricia mis células
aletargadas, inmóviles.
recuerdo los días de amarillo
la mente espesa
con canciones y humo
en roces de locura comedida.
dame tu mano
saltaremos juntos al vacío
de mi vida, de mi alma.
sinceramente tuyo: tu ego.
soy pequeño…
como un segundo,
desquiciado por unos niños
de ojos ámbar bailarines
atraviesan persianas
cristales quedan
hundiéndose
entre sus pequeñas orejas.
dame algo en que creer
un pequeño rezo de autoayuda
anidando como serpiente sin dientes
ese pequeño bocado
entre las falanges de mis dedos
me hacen morir de gusto
sentado en mi trono
de alabastro y de arena.
loco caminar el que me conduce
a la muerte mas sincera que tuve
no busqué más
pues me esperaba tras la esquina
del pequeño motel rojo…
penosa violencia
me sacude la encía
cuando el sonido tenso y sordo
atraviesa mis nervios
hasta tocar mis sienes
para luego disiparse
en un absurdo sueldo.