Mostrando entradas con la etiqueta Edurne. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edurne. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de noviembre de 2010

Evitar

Edurne

Me da escalofrio, me siento sola, ¿a nadie más le pasa?
No soporto el sopor que me sostiene viva, ¿cómo puedo vivir con este sostén?
Me da frio, me quedo parada, me asusta.
Los veo y me conmueven, qué cabrones, ellos no lo saben pero me tienen cautivada, joder como evitar, que su levitar yo lo evite… qué dilema, ¡coño!
Sé lo que puedo hacer, seguir caminando, total todo el mundo está haciendo lo mismo, están ahí parados, tirados, lo que cae del brazo, ¿es sangre?
Los dos intentan levantarse, pero joder si es que están muy puestos y no llegan a soportar toda su pena, su desánimo, sus cuerpos arqueados, de las vidas asquerosas que llevaron.
Conocer sus vidas, me da miedo, insoportable quizá aguantar tanto dolor, sino ¿Por qué lo hacen? No lo entiendo, o sí, es la vida, que a algunos les da vida y a otros se la quita, claro, ya lo entiendo, ¡Coño! Es que unos tienen una puta flor en el culo y a otros se la meten por el culo pero con espinas y todo.
Me da escalofrió, me siento sola, ¿a nadie más le pasa?

jueves, 10 de diciembre de 2009

Congoja

Edurne

Acongoja la tortura de la coja, que latir de sillas en movimiento, que rasgadas suenan las baldosas, increíble tanto ruido, para una señora sola.
Absurdo soportar tanto devenir de ruidos al salir, de un techo poco trecho, de un salón infinito, las paredes resquebrajadas y sin posibilidad de escapada. Solo te queda el enfrentamiento, la sensatez no es aplicable para alguien tan incorrecto.
Subo los escalones y con dos tacones sale a recibirme, el calor es sofocante, entro y me siento un momento, pues no creo que soporte tanto desacierto.
Ahora entiendo tanto ruido si por su casa anda a bocanadas, tiene prisa, porque la vida pisa, apenas me deja hablar, de su boca no para de sacar palabras que me están sentando mal.
Educada hasta en los momentos más molestos, pierdo el control, y sin querer entro a barrer todas sus palabras que no me estaban sentando bien, acalorada me encontraba cuando el sudor por la espalda me bajaba, eso no me distraía pues la discusión ardía.
A una conclusión he llegado ya, es una tortura que me toca acarrear, y que de la cual no me voy a poder librar, pues después de dos horas de recapacitar, pienso que me toca mudar, este lugar me está haciendo mal, y ese sonar ya no lo soporto más.
Las maletas en la puerta están, de Madrid voy a escapar, no se donde voy a ir a parar, pero tengo claro que no quiero una comunidad vecinal.
Estresantes reuniones a horas detestables, incontables encuentros con gente con poco talento, ese ascensor nunca está libre y el buzón prendía de toda la propaganda que contenía, ya no voy a discutir más por las subidas de la comunidad, ahora todo me da igual, solo quiero una lugar para respirar.

jueves, 5 de febrero de 2009

Ese ojo de reojo

Edurne

Durante un instante vi el ojo que de reojo me miraba, sentada sobre un taburete de estampado petulante, leía un trozo de un periódico que sobre la mesa reposaba, pero el reojo me sedujo y la lectura se tradujo en un pensamiento que abstrajo de mi mente un instante, para volcar mi mirada en ese ente.

Segmento de mirada que hizo olvidar a quien esperaba, cerrando el trozo de periódico, concentrando las fuerzas por no perder la cabeza, al final, como siempre, la perdí, no se si fue real no recuerdo lo que aprendo, ni lo que hago cuando me hayo en ese estado.

Se acercó, yo no me alejé, en una burbuja me hallaba cuando la tipa aquella me gritaba, que saliera de aquel bar, que no era menester estar con aquel ser, yo la miraba con desprecio, poca sensibilidad para gente tan corriente, pena dan cuando se comportan mal.

Al bajar del taburete de estampado petulante, ese ser que mi ojo de reojo vio y con mi mirada se topó, arropado en un trozo de despojo, mis manos lo palpaban y él se dejaba hacer, las miradas se cruzaban en un sentir de bandadas.

Transcurrido el tiempo preciso abro la caja y de un brinco entra allí, no demasiado convencido pero contento de haber sido hallado y encontrado por alguien que no va ha maltratarlo, aprecio la vida de cualquier ser impedido o rendido, cierro la caja, salgo sin saber muy bien que rumbo coger.

Por la vereda de vuelta, el ser que de reojo vio mi ojo y su despojo me hizo descarnarme en un suspiro, saltó por arriba de la caja, emprendiendo una huida por todo la plaza, hasta que de vista lo perdí; me pare, lo pensé, valoré, apenas suspiré pues era libre, vivía libre y debía morir libre.