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jueves, 18 de noviembre de 2010

Farsa

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Siempre estaré contigo cuando despiertes, prometí. Tras 16 años de casado he incumplido sistemáticamente este compromiso por llegar con puntualidad al trabajo. Mi matrimonio es una farsa.

miércoles, 13 de enero de 2010

La ética y la estética

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Todo comienza el día de mi cumpleaños, en agosto, en el barrio. Con los amigos, la familia y la pareja de vacaciones en la playa. Un calor de mil demonios. Como veis todo un guateque. La tristeza por no contar el día de mi cumpleaños con los seres queridos se aliaba traicioneramente con la crisis de la treintena, la que juré no padecer. Para superar la inminente depresión decido moverme, en un aguerrido ataque de actividad me dirijo convencido a la cocina, ese lugar donde siempre hay cosas por limpiar. Que me aspen, menuda batalla campal gastronómica ha habido aquí. Como me jode mucho limpiar huyo de la cocina como si fuera un tironero de bolsos en el centro de Madrid. Porque hoy antes que limpiar prefiero que me metan en una cárcel turca.
Me voy al salón y, por hacer algo, me pongo a ordenar el cajón de las medicaciones. Joder ahora si que estoy pletórico, ni crisis de los 30, ni abandono de los que quiero. Me siento un tipo útil, realizado. Sintiéndome orgulloso bajo a la farmacia del barrio a tirar las cajas de las medicinas, entro en el local y le pregunto a la licenciada:
- Las medicinas caducadas ¿dónde las dejo?.
A lo que responde la farmacéutica:
- En esa caja del fondo, pero ¡oye, las jeringuillas no las tires ahí!.
Será hijadeputa, iba yo pensando con el rabo entre las piernas. Imaginaos: la autoestima a ras de suelo, vuelve el bajón, hecho una mierda otra vez. Subo a casa hecho trizas y empiezo a replantearme mi existencia en este cruel mundo, en especial mi estética. Mi historial en encuentros insultantes por la barba y la melena comienza a ser preocupante. Éste es:
- Esperando a gente en el metro me han dado dinero cuatro veces creyendo que era un vagabundo
- Adolescentes melenudos, con collares de pinchos y vaqueros ajustados me han pedido autógrafos en dos ocasiones, pensaban que era una estrella del metal nórdico.
- En cinco ocasiones me han intentado comprar droga en bares por la noche. Una de ellas fueron los adolescentes melenudos de collares y pantalones ajustados después de convencerles de que no era una estrella del metal nórdico.
- Un niño me dijo que era medio papanöel.
- Una vecina me regaló un neceser con un juego completo de higiene y afeitado.
- El cura de mi pueblo me ha pedido tres veces participar en la procesión de semana santa.
- El cura del pueblo de al lado al enterarse me hizo una contraoferta.
- Quince niños por separado, niños hijosdeputa, me han preguntado si era un chico o una chica.
- Tres jenys del barrio me pegaron una paliza mientras sus novios, lricchard, eljony y elruben les grababan con el teléfono móvil.
Decidido, está clarísimo, me corto el pelo y me afeito bien rasuradito. Sabiendo que sería doloroso me puse a meditar, y no recordaba que ni tan siquiera mi madre me hubiese llamado guapo alguna vez. Hostia, no jodas, yo no me afeito, no me atrevo a enfrentarme con mi cara.
Bueno entonces parece que lo tengo claro, el vello es bello y voy a intentar seguir luciendo mi pelazo. Tendré que buscar una coartada. Joder que clarividencia, por un momento me doy miedo: simularé ser un artista / filósofo. Así cuando vaya por la calle en lugar de amarrarse el bolso las abuelas o de cachearme la policía dirán:
-Mírale, es un artista-filósofo, un artista- filósofo excéntrico.
Y a vosotros no os voy a engañar, no soy especialmente hábil en prácticamente nada, bueno si en fugarme cuando hay que limpiar. Pero en lo que se considera arte, pues no soy esencialmente bueno, vaya que soy un negado. Tendría que hacer algo radical, trasgresor, algo que nunca me creyeran capaz de hacer. Vaya, otra vez, que velocidad, ya lo tengo claro, decido leer, pero leer en mayúsculas.
Eufórico me levanto del sofá, tropiezo con la mesa del café, me alzo como un resorte y me voy a mi biblioteca (con mayúsculas). Recorro el lomo de los libros con el dedo. Cojo el primero: Páginas amarillas, bua, descartado, demasiada publicidad.
Siguiente: Guía Telefónica Madrid Gran Sur: uuuhhhhh, muchos personajes.
Interview abril, Interview mayo, Interview junio, Interview julio. Descartado también, me las sé de memoria y están pegajosas.
Otro: La Biblia. ¡Anda coño la biblia!, esto debe ser un regalo de aquel acto social en el que nos humillan vistiéndonos de pequeños marineros.
Finalmente me decidí por la Biblia para creerme un artista/ filósofo excéntrico. Leí el libro durante todo un año. La Biblia es un infumable tostón, comencé a leerlo y me recordaba a olor de incienso y a vieja. En cada verso que leía sonaba la voz del cura de mi pueblo. Obviamente me dormí muy al principio. Armado de argumentos decidí bajar a la Iglesia del barrio a compartir mis reflexiones con el párroco. Ya sentado en una incómoda silla en su austero despacho procedí a leerle una completa sinopsis de su libro sagrado:
El judío es un pueblo errante que no sabe si va o viene, por lo visto les van haciendo mil putadas en la historia y no se centran. Una vez logrado pasan a ser provincia del Imperio Romano. Nace nuestro héroe, Jesús de Nazaret, que con artes de prestidigitador y siendo un vendepeines, consigue un club de fans que le siguen a todos lados. Éste éxito no gusta a los que mandan y toman represalias (vaya que le crucifican). Y encima le vendió un fan por cuatro putas perras.
Aunque su tono de voz empezó a subir y a mascullar dios sabe qué, procedí a enumerar metódicamente las categóricas conclusiones a las que había llegado:
- 1. San Pablo, conocido antes como Pablo de Tarso, también Saulo, impulsó el celibato y censuró el placer carnal:
1.1.- Era un reprimido sexual.
1.2..- Tenía alguna perversión sexual inconfesable.
1.3..- Odiaba todo lo que proporcionase placer.
- 2. La Virgen, conocida antes como María, hija de Joaquín y Ana:
2.1.- Si hubiese conocido el preservativo no se hubiese quedado embarazada.
2.2.- Si hubiese sido legal el aborto, se lo hubiera planteado.
2.3.- Si hubiese sido sincera le hubiera dicho la verdad a José.
- 3. Jesús de Nazaret era un extraterrestre porque:
3.1.- No sufría ventosidades.
3.2.- No mantenía relaciones sexuales.
3.3.-.....
Cuando estaba a punto de leerle la tercera opción de mi tesis acerca de este tipo, el cura rojo de ira, con la lengua doblada hacía dentro, sujeta a los dientes de arriba y las venas del apéndice latiendo con todo el odio, me tumba al suelo de un certero derechazo en la mandíbula izquierda. Caigo noqueado, intento revolverme mientras el Padre poseído por no sé que ser diabólico me grita desaforado en latín.
Tras diez días de hospital, mi excomunión, la de todos mis futuros herederos y la prohibición de entrar al Vaticano, desistí de realzar mi carrera artística filosófica.

jueves, 3 de diciembre de 2009

PATTY

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por ahí va patty
puta yonki rara
punki yonky puta
rara yonki punki
punki puta patty

jueves, 5 de marzo de 2009

Conversación Literaria

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AMIGO: Pues retomando el tema, después de lo charlado estas horas pienso en la insoportable levedad del ser como causa del miedo a la libertad y estoy convencido que sólo con las palabras andantes caminaremos hacia la utopía.

JOTA: A mi no me jodas parafraseando los títulos de libros para convencerme de la esencia del ser humano, que soy de mano rápida y te clavo el pincho en el lomo te dejo doblado, y una vez en esa postura quedas a mi merced.

AMIGO: Hosti tú eh, no me acordaba de que eres de Móstoles, ya lo siento y digo ¡ab-so-lu-ta-men-te claro! que no es cierto que la literatura esté reñida con la violencia, como acabas de demostrar. Y a propósito de esto ¿Has leído algún libro de **************?.

JOTA: ¿Ese filósofo progre, así gordete, que usa gafaspasta de colores, con los labios inflamados y unas crónicas y movedizas boceras en las comisuras de los labios?.

AMIGO: Sí, ése es, el mismo.

JOTA: Para vomitar.

AMIGO: ¿Sigues queriendo morir ahogado en tu propio vómito?

JOTA: Claro. Como Jimi Hendrix, Bon Scott, John Bonham, como un puto artista del rock.

AMIGO: Te doy la razón en que sería una muerte legendaria, una metáfora de la velocidad en nuestras vidas, pero sinceramente, es asqueroso morirse ahogado en los propios vómitos. JOTA: Vaya, más asqueroso es morir ahogado en los vómitos de otro.

AMIGO: Si hombre sí, entonces, ya estás listo para leerte un libro del filósofo ese.


lunes, 26 de enero de 2009

Las gafas y mi mismedad

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El hecho de que el oftalmólogo me prescribiera anteojos que se sujetan a las orejas o de alguna manera por detrás de la cabeza, bueno vale: gafas, con 16 años, edad en la que todavía no me había aparecido ni un rastro de pelos en los huevos pero que, ya me había permitido hacerme un hueco en el instituto y en el parque y, sobre todo defenderme, me hizo sentir con la legitimidad suficiente como para mofarme de los pequeños gafotas, iniciados en edades tempranas, por eso acostumbrados a la guasa y bufonadas del resto de compañeros, incluido yo.

Aunque la recomendación del especialista fue usarlas en momentos puntuales, que exigieran concentración, a los pocos años me vi fundido a ellas, formando parte de mí, como el pelo, las orejas, las piernas, y mucho más importante que los ojos. El dormir, ducharme, lavarme la cara con ellas se hizo algo cotidiano.

El otro día sufrí un pequeño percance que hizo que tomara conciencia de mi mismedad, se me partieron por la mitad al intentar quitarme el jersey. La primera alternativa en la que pensé con distorsión, al no llevar la tecnología sobre la nariz, fue arreglarlas con cinta aislante, al más puro estilo de novato de instituto estadounidense, rápidamente descarté esa humillante posibilidad. Como segunda opción barajé arreglarlas yo mismo, el método: pegamento ultrafuerte. Fallé, ¿cómo podía realizar una operación de precisión en mis gafas, sin mis gafas? Mal. Los cristales acabaron llenos de pegamento en un intento de juntarse eternamente con las patillas, mis dedos índice y pulgar se quisieron intensamente durante el rato que me costó quitarme la adhesiva pasta, total, que fracaso, otra alternativa idiota.

Finalmente conseguí resolver este paralizante infortunio. Mis amigos me dicen que soy un gafotas, yo prefiero decir que soy un cyborg.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Mis mañanas

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Toda lo noche han estado durmiendo éstos dos en la cama, les gusta tanto el contacto y se pasan la noche tan apoyados a mí, sino el uno el otro, que hasta parece que se suban encima. Y el despertador, el infernáculo mono-tono, ha sonado con puntualidad fascista[1], otra mañana más pegándome el madrugón. De un salto bajo de la cama. Aprovecho la pared para estirar todo el cuerpo, primero: las extremidades superiores, las estiro, saco y bajo pecho, ummmmmmm, ya está, relajo y ahora con las extremidades inferiores, uammmmmm, está bien, parece que algo me he desperezado.

Salgo de la habitación, aún con los estiramientos sigo medio dormido, tropiezo, ya se han vuelto a cruzar éstos, siempre deciden tomar el camino equivocado, el que se creen que yo haré. Ahora que he parado me limpio los ojos, me quito esas sólidas y crónicas legañas. Me acerco a la cocina, lo primero que hago al llegar es beber un poco de agua, es una costumbre que tengo desde hace tiempo, cuestión de hábitos. A continuación espero solicito y agradecido junto al cuenco rojo a que Julio me eche la comida, tomo mi pienso seco, voy al cagadero, tapo las excreciones empujando la arena con la pata, maúllo de felicidad y echo a correr.

[1] El personaje piensa que el despertador es una herramienta y filosofía fascista. Marca los ritmos haciéndolos antinaturales, a lo que hay que añadir que al interrumpir el sueño nos puede robar el alma, provocar un síncope o quedarnos tontos.

martes, 2 de diciembre de 2008

El autobús

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Si quiero coger ese autobús que me lleva a la GranCapital tengo que darme mucha prisa, ir muy rápido. Me pongo el abrigo, empujo la puerta dando un gran golpazo no intencionado que resuena como un trueno en todo el portal.

Aprovechando la inercia que llevo intento emular a Carl Lewis para saltar los siete escalones que forman el primer tramo de la escalera, intento fallido, hinco las rodillas en el penúltimo escalón, el resto del cuerpo se vence hacia delante, freno de bruces contra la pared de gotelet, desollones en las rodillas, raspones en la manos, y la cara marcada de cráteres producidos por el dibujo de la pared, no pasa nada, cogeré ese autobús.
Cambio de estrategia. Decido otro modelo a imitar que me traiga más suerte en esta bajada, escojo como ejemplo a mi abuela y decido bajar los escalones de uno en uno y con paso firme, seguro pero lento.

Consigo bajar los seis tramos de siete escalones, seguro pero lento, abro la primera puerta del portal, la dejo caer, bajo como un cohete la rampa de minusválidos y aprovecho que está entornada la segunda puerta para colarme a toda velocidad como un espía, me golpeo la espalda contra el pomo de la puerta, no pasa nada, mañana moratón.

Tengo que conseguir alcanzar ese autobús, ya estoy en la calle, parezco un gamo, jalo sin mirar atrás, ni adelante, ni a los lados, ahora sí que soy El Hijo del Viento. Cruzo la calle a tumba abierta, no miro, no pienso, tengo que coger ese autobús, las personas y otro mobiliario urbano aparecen ante mis ojos como exhalaciones, soy una locomotora, siento en mi cadera un fuerte golpe, no pasa nada, no miro atrás, tengo que alcanzar ese autobús.

Corro por delante de mi parada, el autobús ya ha pasado, pero sigo corriendo, voy a la siguiente marquesina, avanzo lo más rápido que puedo, las suelas de las zapatillas se me empiezan a derretir y a fundir con el suelo, ¿efecto de la velocidad? No, mediados de agosto.

Cuando vuelvo a casa, escucho a un vecino comentar a la mujer que pasea un perro, que esta tarde un loco corriendo ha dado un golpe a una anciana sentada en un bordillo alto, que se ha caído encima de un ciclista, que ha derrapado, y se abalanzado sobre el capó de un coche que ha intentado esquivarle y ha chocado contra otro coche aparcado. La anciana se ha roto la cadera, el ciclista ha muerto empotrado entre los dos coches, la conductora mortífera ha sido atendida por los servicios de emergencia por un ataque de ansiedad.

Por fin llego a casa, menos mal que conseguí coger el autobús.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mariola

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Los guantes y el gorro, los calcetines y las botas, el abrigo, el jersey y los pantalones, esa camiseta interior tan calentita y los leotardos, el sujetador y el tanga, ay Mariola, aire frío en estas calles en invierno. El escobón y la pala, el carro con sus cubos, ya estás lista para trabajar Mariola.

Barrer, barre poco y mal pero Mariola habla con Antonio el borrachín, escucha a Pepe el parlachín, con Asun trata de comidas, se para con Joaquina, habla con los negros, con los blancos, se preocupa por los chinos, por la bruja, por la puta y por el anarquista de la esquina, se para con lamari, con la choni, con el toni, con la jeni y con el jony, a los fumetas del parque les dice: No fuméis tanto que os vais a quedar tontos; a los estudiantes de la biblioteca les comenta: No estudies tanto que os vais a quedar tontos.

Cuando acaba la jornada, ya en casa, se quita los guantes, el gorro, los calcetines y las botas, el abrigo, el jersey y los pantalones, esa camiseta interior tan calentita y los leotardos, el sujetador y el tanga, y se pone ese pijama que a mí me gusta tanto, ay Mariola. Enciende un porro y abre un libro.

Los vecinos de la zona donde trabaja Mariola han decidido limpiar el barrio entre ellos. Les gusta Mariola.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Lo natural

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Había hecho los calentamientos y estirado en el vestuario, mientras rezaba el rosario, besaba el medallón de oro con la imagen de la virgen de su pueblo que siempre llevaba colgado en el cuello. Vestido de traje de luces rosa y amarillo, esperaba impaciente pero sereno las cinco de la tarde, hoy iba a ser su día.

El Niño de Rancio esperó en el coso al toro, enfrente de la puerta de los toriles, una rodilla hincada en la arena, la otra pierna con el pie firmemente plantado en el suelo. Se abren las puertas, de cara viene corriendo un morlaco de 600 kg, lucero, de cornamenta cornigacho, negro azabache, que como una locomotora se lanza hacia la muleta roja del torero, impecable puerta gayola. El toro bravo y bueno en la muleta se deja torear, parece un baile, cada muletazo dibujaba en la arena un cuadro de valentía.

Esta era su tarde, se metió entre pitones para rematar por el toreo de cercanías, esta era su tarde, tenía que arriesgar, esto es una danza, y yo un bailador; tuvo una cornada perianal de entrada de 10 centímetros, el toro le lanzó por los aires hasta dos metros, cuando calló le golpeó con la testa mientras le revolcaba por toda la plaza, la cuadrilla intentaba despistar al toro con sus pálidas muletas rosas, el morlaco de 600 kg, le pisó el pecho hundiendo todas las costillas del torero, y cuando le pisó la cabeza sonó un crujido que, junto con último suspiro del artista, formaron un pasodoble.

Las médicos solo pudieron certificar su muerte, tenía heridas incompatibles con la vida. Esta tarde, en la fiesta nacional, murió la bestia.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Tragedia griega

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Esta noche me visitó el Oráculo, el mensaje era confuso pero sembró en mi alma un gran desasosiego. Pronto desperté, el día estaba revuelto, mis impulsos me acercaron a la Casa de Lectos, en donde, una vez más estaba vetado de tomar prestado lo que, en Alejandría tardó tanto en acumular y tan poco en arder. Mis dedos se deslizaron torpemente por los lomos de aquellos libros, cual fue mi sorpresar cuando el índice no pudo pasar de un tomo en el que en letras doradas rezaba: SOFOCLES. Como si fuera nueva la historia para mí, ávidamente devoré aquellas hojas, finas, casi polvo, hasta el final. Quise buscar un broche de oro, sacarme los ojos, dejar de ver, levanté la mirada, otee a mi alredor, pero solo vi un sudamericano cincuentón vestido de segurata durmiendo en un sillón de lectura, un gigante fascistoide haciendo que estudiaba y un opositor aspirante a profesor perdido en un mar de apuntes: ME QUEDA MUCHO QUE VER, ni broche ni hostias, que se saquen los ojos ellos, que se destierren o se suiciden, a mí me la pela.


Sinopsis mostoleña: En un local enfrente de mi casa unos obreros obstinados tiraban el muro abajo con una machota, me cagué en dios, temprana hora, me vestí, no me asee claro, tiré millas por las calles del guetto, acabé en la biblioteca, lugar de estudiantes, aspirantes a funcionarios, parados y ratas de lectura, ví a un tipo durmiendo, esto solo pasa en Móstoles pensé, al rato un rapao aprendiendo a leer para ser segurata de la renfe, no les mires a los ojos que te van a pegar, esto es el guetto.


P.D.: Una tragedia griega es que te la claven por el ojal, ojete u ohaio sin consentimiento ni placer.