jueves, 12 de diciembre de 2013

El Cisne Negro

Alberto Garrido Moreno

Empecémos de cero. 0.
Tú ya no eres Alberto. No.
Pensémos juntos que ya estas muerto.
Y a la vez renaciéndo.
Vamos a llegar hasta el tuétano de tus huesos, de tu esqueleto.
Examinarémos al microscopio infinitesímal el mal de los virus que portas dentro.
Se acabó el "Paga-Fantismo", igual que otros "-ismos" históricos.
Entiéndete a ti mismo siendo un cisne negro en todos los aspectos.

Has trazado una línea divisoria abisal detrás de tu Talón de Aquiles en el suelo.
Reflexiona, meditalo, piensa bien en ello.
Te puedes permitir el lujo de, por vigesimonóvena vez, empezar de nuevo.
Te has extraído los ojos al modo de Édipo, y has abandonado la cría de cuervos.
Por sendas ignotas y en tinieblas te adentras dando más palos de ciego.
Por otro lado, nada bajo el Sol es nuevo.

Un ángel caído debido al mismo Mal que el tuyo has descubierto.
Y sus enormes ojos verdes, parecidos a otros tiempos, revolotean por tu cerebro.
Llevas encerrado en el interior de tu pecho el aullído de un bravo guerrero; "¡Sí, Puedo!"
Intentas entrenar tu cuerpo en el "Noble Arte" del Boxeo.
Tú mente sólo teme al más temible de los enemigos, al Miedo mismo.
Sin conocerla en exceso ya puedes echarla mucho de menos hasta el próximo encuentro.
Por cierto; "¿Tú crees que podríamos unirnos, a pesar del miedo al castigo,
de caer más allá de los límites del averno?"

Un cónclave de locos y un consejero único cuerdo dicen que por qué no, que sí podemos.
Yo ya sueño con ello y con lo que conocéremos.
Como dijo Lope de antemano y con acierto; sé que un Cielo en un Infierno cabe por entero.
Un par de ángeles caídos, de alas partidas y bipolares somos,
expulsados por soberbios del Mundo de los supuestamente cuerdos y sordos.

Aún dormitas en éste puto pueblo fantasma (pueblo pequeño, infierno grande)
en donde no hay nada ni nadie
y tu alma prueba sus alas y su anhelo de extranjero emigrante
que sueña y se estremece con la posibilidad del "vigor híbrido", de mezclar su sangre.

Entiéndete a ti mismo siendo un cisne negro en todos los aspectos,
un extraño y rico acontecimiento en mitad de un páramo yermo,
un ser extraordinario malviviendo entre un ejército de zombis muertos,
un profeta siempre en la certeza, predicando vena en cuello en el desierto,
un solitario hermitaño soltero sin vocación, siendo objeto de deseo de un millón...


Así últimamente me siento, como un cisne, pero negro.